Si en 2012 el saltador Felix Baumgartner se convirtió en el primer hombre en romper la barrera del sonido con un salto desde más de 39.000 metros, ahora ha sido el estadounidense Luke Aikins (42 años), exentrenador de Baumgartner y con más de 18.000 saltos en su haber, quien ha sorprendido al mundo con una hazaña de similares dimensiones.

Aikins ha completado una caída libre desde un avión, sin paracaídas ni traje aéreo, desde más de siete kilómetros de altitud, un total de 7.620 metros de altura, sobre una red suspendida entre dos grúas ubicadas en el valle del Simi, en el sur de California. Un salto extremo y vertiginoso, de un riesgo y una precisión descomunal que entrará en los libros de oro de los récords.

Caída libre de dos minutos

El tamaño de la red ha sido de alrededor de un tercio de un campo de fútbol, de 30 metros por 30, y se ubicó a 20 pisos de altura, proporcionando espacio suficiente para amortiguarlo sin que se produzca un efecto de rebote. Ainkins ha estado acompañado durante el salto de otros dos paracaidistas que le han escoltado en todo momento. El salto ha sido un éxito rotundo.

Luke Aikins se quedó en el aire dos minutos antes de aterrizar con seguridad en la enorme red blanca en California, según imágenes difundidas por la cadena Fox, que emitió el salto en directo. “¡Casi he levitado! Es increíble lo que acaba de pasar. Ni siquiera puedo decir lo que siento, no me salen las palabras,” dijo en su llegada a tierra firme.

Al principio, Aikins necesitó una máscara de oxígeno, que después fue recogida por una de las personas de su equipo de salto a la altura de 5.486 metros. Justo antes de aterrizar, realizó una vistosa vuelta y terminó su caída cuando iba a una velocidad de 241 kilómetros por hora.

Una idea gestada en Hollywood

La idea se gestó hace unos años. Dos empleados de Hollywood contactaron con Aikins para realizar un salto al vacío de cara a realizar un programa sobre los dobles de acción de las películas, cómo actúan y a qué situaciones extremas se enfrentan en los films de acción. Buscaban a alguien que quisiera probar una caída similar. Por aquel entonces, el saltador rechazó la propuesta, pero no logró quitarse a idea de la cabeza hasta que decidió aceptar el reto.

“Aikins ha culminado una carrera profesional de 26 años con un salto que supone un récord mundial y personal”, según ha confirmado su representante, Justin Aclin.

Al aterrizar, Aikins rápidamente se acercó a abrazar a su esposa, Mónica, que había estado observando el salto desde el suelo con su hijo de 4 años, Logan, y otros miembros de la familia.

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